Este post te encontrará cuando más lo necesites
Una carta para quienes se sienten agotados, pero siguen luchando.
Me encuentro en mi habitación, de noche, con un ligero haz de luz apuntando a mis apuntes. Me siento agotado. Me pesan los párpados, la cabeza no responde y todo me cuesta el doble.
De pronto suena una notificación en el móvil: es la nota del examen. Un 4.
Quiero desaparecer. Siento el peso de la derrota sobre mis hombros.
Por desgracia, he vivido esta situación más veces de las que me gustaría admitir.
Me fui a dormir con un pensamiento en mi cabeza: ¿De verdad vale la pena todo este esfuerzo?
Me sentía derrotado. Como si todo el empeño, toda la disciplina, todo el querer hacerlo bien… no sirviera de nada. Y sí, lo confieso: tuve ganas de mandarlo todo a la mierda.
Pero no lo hice. No aquella vez. Y por eso hoy te escribo.
Porque estoy convencido de que no soy el único que se ha sentido así.
Y porque, en ese momento, me habría gustado que alguien me dijera lo que hoy quiero decirte a ti.
Que estar cansado no es fallar.
Que frustrarse no significa que no valgas.
Y que ese agujero donde estás ahora… también es parte del camino.
A veces se nos olvida todo lo que ya hemos superado.
Ese pequeño Alex de 7 años, que un día dijo que quería abrir cuerpos (con fines médicos, por supuesto), no tenía ni idea de hasta dónde llegaría.
No se imaginaba entrando en la carrera, pisando un hospital, entendiendo lo que hoy entiende.
¿Y ahora te vas a rendir por un mal mes?
¿Vas a tirar por la borda años de esfuerzo por unas semanas duras, un tic en el ojo y dos clapas en la barba?
Ni de coña.
Y ahora te paso el foco a ti, lector.
Solo tú sabes las batallas que estás librando cada día. Y aun así, aquí estás. Aguantando. Avanzando. Eso, aunque a veces no lo parezca, ya es una muestra de fuerza brutal.
Lo aprendí a base de tropiezos: lo bueno cuesta.
No hay atajos. No hay versiones cómodas del éxito.
Todo lo que vale la pena exige esfuerzo. Y muchas veces, ese esfuerzo no se ve recompensado como esperabas.
No todo va a salir bien. Y está bien que así sea. Porque incluso los días malos enseñan.
Incluso las derrotas dejan lecciones.
No eres débil. Estás en proceso.
No confundas el cansancio con el fracaso.
No dejes que un mal día borre todo el camino que llevas recorrido.
Si estás agotado, descansa.
Pero no te rindas.
Porque esto no acaba aquí.
Y créeme, cuando salgas de esta… te vas a sorprender de lo que eres capaz.
Así que hazme un favor: no te vayas a la cama hoy sin recordarte por qué empezaste.
Tómate un respiro.
Recuérdate que esto no va de ser perfecto, sino de seguir adelante incluso cuando no puedes más.
Y si hoy no puedes avanzar, al menos quédate. Quédate contigo, con tu historia, con tu proceso.
Porque incluso cuando no se ve desde fuera… seguir aquí ya es una forma de vencer.
Si esta newsletter te ha resonado, compártela con quien lo necesite.
Y si quieres que te siga escribiendo desde este lugar real, sin filtros, sin máscaras, puedes suscribirte.
No es obligatorio.
Pero tu yo del futuro te lo agradecerá.




gracias por decirlo, necesitaba leerlo o que lo expresen por mí 🤍
Hola, efectivamente me encontro, he parado de trabajar para mejorar mis capacidades profesionales y me consume la ansiedad de pensar que al no monetizar soy una fracasada, algo dentro de mi dice Keep going! que si llegaremos a ese puerto, mira hasta donde has llegado, así Gracias!!!!